Wednesday, July 22, 2009

Lo pequeño

Hoy estaba sentada esperando mi turno en la sección post-venta de Entel. Generalmente, cuando las personas están ahí sentadas no hacen más que mirarse, mirar el suelo, el techo y los folletos que no contienen más que letras revueltas. A mí me pasa que cuando estoy esperando algo, nunca le encuentro sentido a lo que me rodea. Al frente mío había un niño de aproximadamente 5 años, que se sentó pacientemente en la silla que dejaba sus pies colgando. A su lado, de pie, su madre delgada, alta, con minifalda y polerón. Se veía una mujer tranquila, bastante conforme con su hijo, pero con pocas ganas de ponerle demasiada atención (tal vez sufre del mismo problema que yo: el no poder concentrarse en dos cosas mientras esperas un maldito turno). La cosa es que los vi salir del local antes que llegara su momento de entrar al módulo, el cual era posterior al mío. Unos minutos después volvieron. El niño venía comiendo un barquillo de lúcuma chocolate que venden en una confitería cercana a Entel, y la mamá traía en su mano un paquete de trufas. Él le preguntó si podía comer una, a lo que la madre le contestó:
-no, porque éstos dulces traen licor.
-no te entiendo
-eeeemmm... traen copete...pisco.
-¿cómo?, explícame.
-mmmm a ver... estos dulces traen vino... adentro tienen vino, entonces no todos pueden comerlos.
Las explicaciones de la madre me ponían nerviosa, me daban ganas de meterme y ser un poco más didáctica para mostrarle las propiedades de una trufa a un niño de 5 años, que, mal que mal, no le hubiera hecho daño una probadita. Pero claro, como esa trufa traía "copete, pisco y/o vino", tampoco se me hubiera antojado un mordisco posterior a la explicación (muy apegada a la realidad, por cierto...). El niño se quedó pensando un momento, mientras lamía con gusto su helado, y luego dijo:
"Entonces lo pequeño siempre gana, porque está adentro pero nadie lo puede ver... entonces vence a los otros".
En ese momento, les juro que lamenté que su madre no le haya puesto atención, no haya comprendido el tremendo nivel de análisis de su hijo y no tomara en cuenta la tremenda enseñanza que su retoño le había dejado a una tipa aburrida que esperaba su turno. El mío llegó antes que me atendieran. Lo pequeño, en boca de ese pequeño, sí que fue grande.

Monday, July 20, 2009

Sofía y yo compramos por catálogo

La cosa que tiene Sofía la adquirió en el mismo catálogo que la que ando trayendo a mi lado, pero yo recibo las encomiendas cuatro veces al mes y desde más lejos. Hace poco lo vi subiéndose al auto mientras ella se abrochaba el cinturón con ganas de arrancar pronto de su propia inseguridad, siendo que la llevaba muy bien acomodada a su lado con cara de copiloto. Yo debería espantarme de su actuar y pedirle que frene lo más pronto posible, pero no tengo como seguirla entre calles cosmopolitas.
Cuando la conocí se veía callada y terminó acompañándome a una esquina a orinar entre escaleras sucias; al fin y al cabo, era otra historia más para contar en esas interminables noches de jueves desquiciados. Me acuerdo que dejé la razón acostada, bien tapada y con el estómago lleno en la casa, y me iba siempre con la cara llena de risa, las Converse a punto de estirar la pata, y mis pulmones a prueba de perforaciones, sin contar que mis piernas destartaladas y mi banano negro hacían malabares con aquél descenso interrumpido por los besos de esa cosa.
Llegó un momento en que no tuve miedo de salir a hacer ejercicios de coordinación en la pista de baile de ese cada vez menos frecuentado local. Allí, la cosa de Sofía me enseñó a bailar salsa, me giraba como trompo e incluso me pegó un combo en la nariz. Tenía mucha simpatía, talento para la música y cara de moscón bien muerto y apuñalado. Todo lo contrario a las cosas que me gusta consumir. Él, tan buena gente, incluso le compró un completo que ella rechazó porque no le gustaba la palta, mientras a mí me corría la baba con ese bajón del demonio. Debí haber puesto una cara de perro vago y somnoliento, porque me lo regalaron.
Esa noche no sé cómo subí hasta mi casa y menos cómo puder cargar mi cosa sobre los hombros. Pero aprendí algo importante: las mujeres no somos buenas para comprar por catálogo, tenemos una fuerza impresionante cuando el calor corporal se rie del frio de la madrugada y, lo peor, mi pobre zapatilla terminó con un hoyo terrible en la planta. Al otro día pensé que a Sofía jamás le hubiera importado, mientras veía que su auto se alejaba rápidamente con dirección totalmente opuesta a la devolución de productos defectuosos. Y como no me sirve su recorrido, tendré que ir a pie, aunque llegue sin zapatos.

Saturday, July 18, 2009

lugares comunes

Juan tiene razón. Los síntomas se repiten esta vez, y ni siquiera me había topado de cerca con otros testimonios femeninos. Es cosa de sentir, leer un rato toda la somnolencia con pinta de final feliz y pensar que el montón, esta vez, también te incluye a tí. Un nombre tan repetitivo no podía estar exento de una clasificación común y corriente. La Daniela, la misma que se preguntaba por las posibilidades de una en un par de millones. Más fácil ganarse el kino, creo yo. Por lo menos, me quedo con el teclado, y a falta de ello un lápiz bien acompañado por un papel asexuado que tolere toda esa disputa entre los sexos, las faltas y las protuberancias hormonales que a veces salen arrancando por/frente a tu nariz. Quién cresta me mandó a cumplir los veinte con tantas preguntas a cuesta.
La última tontera de este estilo que se gana un trozo de blog. Ajum!

Friday, July 10, 2009

Con son

Va a sonar a desastre, a lastre, a cáncer. ¿Quién dijo que todo era verdad? a mi no me basta con la acentuación correcta. Creo que se me parte el pálpito, y pago por purgar las partes paridas con prisa. Paro, pero pronto premio al prócer de mis prosas primas. Propongo porno, parlo y a Carlos no le asienta eso de colocarlo claro. A mi tampoco, hecho prenda señorita, esa que da, pero quita. Así, mecí lo que fui cuando crecí y me vestí para partir de aquí. A mí no me gusta esperar porque sí. Te dí razón para asir mi decir, pero tu rezo se pone tuerto cuando vuelco mis gestos en tu centro. Podría sonar a convicción si la acción no fuera invento de un montón de trozos de corazón.

Anonimatos

Un acuerdo, un acuario, un canario. Sin nombres, con varios anonimatos a cuestas.
Somos lo que al resto le dejó de importar, aunque no me cese de inquietar la idea de cómo encontrarte en el supermercado, o como llamarte parada al centro de tu mítica capital. A veces cosmopolita, a veces misógino, a veces a la mitad. No me deben importar los nombres si vas a estar cuando los lunes vean el final del túnel, en un domingo donde nunca más sonó el teléfono.

Friday, July 03, 2009

failure success

No sentí que era un problema, hasta que me lo dijeron. ¿Tan malo es no aceptar la cursilería como un mal necesario? De hecho, siempre he pensado que es un mal, hasta que adquirió el calificativo de necesario. Bah! En mi adolescencia también tuve momentos cursi (cursi cursi (8)), pero de un sopetón se me fue todo el gusto por caminar sobre las nubes. Ahora no sé si sea bueno estar tan lejos de todo aquello, o si lo exagerada que soy me lleva a evitar cualquier atisbo de debilidad. Es que no sé si las flores, corazones y canciones románticas me dan más asco que la ausencia total de aquello. Y así con los abrazos melosos y las frases estúpidas como "si amas algo dejalo ir... y bla bla bla", cresta, me dolió la guata. En el fondo, no es un tema de esencia, es más bien un trabajo bien elaborado de hace cinco años atrás, donde los frutos se convirtieron en bondades de la naturaleza absolutamente impenetrables. Y vaya que he tenido éxito.

 

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