Wednesday, September 24, 2008

Entramado

Que se sequen los labios, que se quemen las bocas y se rompa todo el pálpito. El invierno siempre trama la misma condena, la piensa, la toma de la esquirla más aguda y cala hondo y profundo un grito gélido. Es repetitivo, cansador y mas fructífero que primavera amapolizada, que arenal engañoso en el áspero terruño de lo que se hace llamar vida. Las pieles urden tejidos de bellos sedientos y los aromas engañan hasta al más pulcro con una taza de café en el cuerpo. La emanación del calor se queja de sus escrupulosos hedores, y la mente más dócil se jacta de hacerle bromas a la vista. Se cae todo alrededor, se desgasta, escupe trozos de lo que fue y se muestra abierto e infértil ante las pisadas largas del ser que se arrastra con su estómago hinchado y su cintura demarcada por un feto putrefacto que encontró entre tanto hastío terrenal. Retumba el fuego de celos mientras la aurora se revuelca con el lánguido final del equinoccio. No puede haber ciclo más corrupto y leal de la sombra que a alguna existencia ironizó.




No vuelvo hasta que se me despeje el rostro. Adentro está todo lo anterior.

Monday, September 22, 2008

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Lo único que me queda es la poesía. Ni siquiera letras hay. Solas son como un complot para la extinción de las ganas convertidas en carroña. He metido todo al espiral que me prestó la duda y ya no hay forma de rescatar la intención. Lo siento, no hay ganas. No hay nada.

Saturday, September 20, 2008

Jazz III

Aprovechamos que la noche estaba ebria y el calor de verano le prestaba ayuda. Una respiración boca a boca se dibujó en el amanecer. Tú sobrio y yo soberbia. Soberbia de amor y de realidades inmanentes que nunca dejaron de ser cuentos cortos de esos libros de primaria. Lidiamos a cada página por nuestros contornos, llenando mil y un espacios en blanco dejados por historias anteriores mal escritas, tergiversadas por otras bocas y por el tiempo que edita cada día a los otros, faena que comenzó cuando supo que nada le pertenece.

Mi príncipe de calle, los lugares nunca me habían importado menos. Eres el mejor sabor que he tenido en mi búsqueda constante del mejor café citadino. Te tomo de un sorbo pero permanecerás siempre pavimentado en mi garganta. No me canso de beber de ella, porque la sed ya se ha ido a dormir junto a los miedos. Hay suficiente azúcar en nuestros labios, tenemos la sazón necesaria para ser la presa faenada feliz de ser mutuamente devorada.

Te invoco aunque te sienta dentro, porque sé que mis piernas tienen mala memoria y mis pechos algún día se rendirán a bajar la guardia. Por primera vez te dejo tocar mi estómago virgen y mis desmemoriados latidos se van derritiendo conmigo. Mis manos ven todo lo que mis ojos cerrados dibujan en este lugar tan ilusorio. Nunca supe el sitio exacto para hablarte sin decir palabra, y mira qué diálogo estamos sosteniendo. Parece que las risas que se nos escapan cuentan en mil oraciones francas lo que nos va sucediendo mientras sudamos; casi me ahogo de tanto verbo.

Saturday, September 13, 2008

Spleen

Sintiéndome de todas las formas posibles con la connotación más negativa que hay, casi como un epíteto árido de lo que se es, fue, y será. Tan expuesta y oculta a la vez. La bipolaridad es el desayuno constante que evito en las madrugadas en desmedro del día claro y enérgico. El spleen de Baudelaire llegó por azar a tomar sentido en estos días, sólo que hace mucho tiempo buscaba la palabra exacta que definiera el entorno, el clima y la vida que adolece de vueltas en círculo y mareos redundantes. Estoy harta de las preguntas y peor que eso: de las respuestas desabrigadas.

 

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