Me desespera que allá afuera esté lleno de gente y todos se lamenten por estar solos, aburridos y llorando por su verano con falta de emociones. El otro día conversábamos con los cabros, que es increíble que ya no exista espacio para nosotros. Me pasó con las niñas de la discoteque donde trabajé en diciembre, incluso con una que resultó ser mi vecina. Sus intentos de buena onda no pasaron más allá del hola y chao. Yo me esforcé, pero no se pudo. Por suerte, pude deshechar la teoría que este era un problema sólo mío y que, en el fondo, yo espantaba a la gente, porque me encontré, entre esas conversaciones noctunas de verano al aire libre, con la casualidad que hay más personas que se sienten así. Llega un punto en que te aburres de querer compartir con otros, que tal vez-quizá-por ahí podrían llegar a ser excelentes amigos. Te aburres porque simplemente, no quieren a nadie más y eso me parece grave. Por eso te entiendo Galgo, cuando decidiste largarte solo al otro lado de la cordillera.
Me quedan algunos consuelos. Primero, que alguien comprenda lo que digo y deje de tener miedo, flojera o cualquier excusa estúpida para no querer ir a pasear o tomar helado con alguien con quien sólo ha compartido un par de veces. Oye! si nadie va a casarse con nadie. También me quedo con la calma de saber que hace dos veranos atrás conocí a dos personas que hoy son las mejores amigas que haya podido querer. Y, por último, que tu vas a volver, y que por fin nos largaremos juntos a donde nos lleve la ola.
Me quedan algunos consuelos. Primero, que alguien comprenda lo que digo y deje de tener miedo, flojera o cualquier excusa estúpida para no querer ir a pasear o tomar helado con alguien con quien sólo ha compartido un par de veces. Oye! si nadie va a casarse con nadie. También me quedo con la calma de saber que hace dos veranos atrás conocí a dos personas que hoy son las mejores amigas que haya podido querer. Y, por último, que tu vas a volver, y que por fin nos largaremos juntos a donde nos lleve la ola.