Me cargan las evaluaciones cuáticas que hace la gente, los balances y resúmenes de un tiempo limitado en el que según ellos ha cambiado drásticamente su vida. No entiendo para qué tanto color, o esa necesidad sensacionalista de los medios virtuales transformados en diarios personales extraños y poco sinceros. Si me uniera, diría que pucha que terrible ha sido vivir fuera de casa, y eso que no llevo ni un mes: el refrigerador está malo, la ducha se hechó a perder, la casa huele a perro y las tablas de madera suenan hasta con los respiros. Sumémosle que queda a la mierda del mundo y que dos de las tres personas con las que convivo son más raros que pingüino en solarium. A continuación -según mi experiencia de leer blogs ajenos- tendría que agregar una reflexión mamona y pseudointelectual como: "pero que bah, todo es para mejor, así aprendo de las adversidades de la vida, porque ser estudiante es así..." Es más, podría decir que tengo la media cagá en la cabeza respecto a la razón aturdida con el aroma encefálico de flores de campo, o sea, un extracto de verano y primavera, todo junto que se vino a posar justo en marzo e inicios de abril. Parece que aquí no soy la única desubicada. Lo peor, es que sea conciente. Weon, stop.
Friday, April 03, 2009
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