Saturday, May 31, 2008

¿Y AHORA QUÉ?


Casi todos los jóvenes tienen deseos de cambiar el mundo. Hoy me dí cuenta que yo no. Y no es porque no me interese, sino porque no tengo motivación. Es innegable que mi carrera me ha acercado más por obligación que por interés al funcionamiento del mundo a través de ciertos hechos puntuales que dan pie para mil y un connotaciones. Por eso mismo, he ido entendiendo que convertirse en adulto es un martirio fenomenal si no tienes la fuerza ni ganas de aceptar el destino natural de los seres humanos. El ciclo maldito al que te condena el mundo, la sociedad, las leyes, todo. Nacer, crecer, reproducirse, joder un poco ya de viejo y morir. Es eso. ¿Y qué estás haciendo desde ya para cambiarlo? es más: ¿se puede cambiar aquello? Creo que el término, el punto final y la última vez que leerás o escribirás, será un hecho inminente. Lo que sí se puede modificar desde tu razonamiento son las formas y los medios en que tu vida se desarrolla, tan mortalmente como la de los demás. El problema es que no podemos desconocer el entorno, no nos podemos apartar a no ser que queramos ser unos ermitaños. En mi caso eso sería imposible, porque necesito de la palabra hablada para sobrevivir. Pasame un libro interesante y podré pasarme una semana en silencio leyéndolo, pero tarde o temprano necesitaré comentarlo.

¿Y toda esta pseudo reflexión a raíz de qué Daniela? De leer textos por obligación que por alguna razón le vas encontrando sentido y van perpetuando frases en tu cabeza que te hacen pensar un poco más allá del mérito de la buena nota o la satisfacción de pasar un ramo (hecho que se ve como utopía por ahora). No tengo participación en la sociedad, más que el consumo material y de servicios y gasto de oxígeno. ¿Será eso bueno o malo a los 19? ¿y si a los 30 estoy en las mismas?.

De todas formas, esta no es una reflexión que pretende cuestionarse el futuro, porque la frecuencia de ello ya me tiene un tanto neura. El nuevo punto de la discordia tiene relación con el ahora tan determinante para las acciones venideras. Al fin y al cabo, el ahora es lo que se ve, se huele, se respira y se modifica. ¿Que estás haciendo ahora? No lo sé. No tiene sentido ni forma, no tiene razón de ser. Al menos no se la veo. Si alguien la viera por mi, le pagaría por decírmela. Pero eso no va a pasar; es como preguntarle qué me ve haciendo en cuatro años más. Yo no veo nada.

 

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