Tengo un chocolate relleno de almendras en crema en la mano, pero ya va olvidando su forma original; pierde la gracia y la forma, pierde el sentido, el equilibrio y la compostura, pero no el sabor del placentero gusto por pecar a ratos con el cuerpo y la conciencia. Mi mamá me pregunta qué estoy haciendo... como si mi conducta fuera digna del infierno. Le explico que me compré esa caja de bombones por el deseo de comer chocolate, y ya no me pude aguantar. Es como llorar mientras saboreo, a puntillas y luego a pasos duros el calor del cacao expandiéndose por mi lengua, y de esa crema tan especial de las almendras que tanto me evocan libros de cuentos con ardillas felices... sí, las nueces, pero qué va, para mi las almendras y las ardillas pueden compatibilizar. Es como reír también, como burlarme de todo lo que atropella la calma que ya nunca más hallé en las calles de este pueblucho. Y así, me trato de disculpar, sin un ápice de arrepentimiento. Simplemente se trata de regalonearte, experimentar, sentir, y no importa nada más, porque yo no vi el mañana, y tu tampoco. Simplemente estoy haciendo lo que me gustaría haber hecho...con este último trago de miel chocolatada escurriendo por mi garganta.
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Wednesday, February 27, 2008
bombón
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