Escribo, con apego máximo en la hoja, en busca de contactos furtivos perdidos entre las líneas de mis manos. Descifro puentes que me llevan a mi misma soledad, y llegan nombres a posarse en las palmas de la plaza. Comprendo y vuelvo a confundir mi pelo alborotado con un palpitar sordo. No hay ecos porque he callado, no hay sombras suyas ni de nadie; al abrir y cerrar de ojos me han borrado cualquier sol cabizbajo y roto. Y miro todos los trozos de ese espejo plano que se ha llevado cada recodo duro de mi piel seca, como lágrimas estrelladas con las ventanas de invierno. Creí reír cuando lloraba y me esparcí en el mismo fango que ví terminado al mirar a mis pies. Creí también, una vez en las hadas, pero sólo a cenicienta le alcanza para cuentos. Yo y mi cigarro, grisácea, sucia y agria. De limones tengo varios relatos, simplemente hechando un vistazo a mi pasado. Atrás mujer de líneas y palabras, asustas a cualquiera con tu filosofía masoquista y tus broches de oro almíbar. El dulzor ya no alcanza para tanto, ni tantos actos pudieron encerrar un "yo" arrepentido, un falso testigo de ese demonio que ronda cuando otra vez converso con la tinta, plástico y árbol... No es casualidad su destrozo, cada rincón hecho pedazos, y vuelvo a la estrofa de la canción triste con la afinación aliada a mis intenciones infantiles. Nunca dió frutos esta hisotira porque heme aquí narrándola desde el fondo cual concepción casta crece en los adentros del tiempo donde no rige el déjalo ni menos el mátalo, haz espacio en tus sienes, haz caber un hablante lírico experto en explicaciones vanas, ni tan fuertes ni tan aceleradas pero sí ajenas a todo vicio de seguir condenando mi camino a un sector sombrío como desprecio de perro, en este; el final del tiempo.
Wednesday, December 20, 2006
Tuesday, August 01, 2006
La idea original

No es que haya despertado un día y haya comprendido que amo las fotos. Primero supe que adoraba escribir. Soy adicta a plasmar situaciones que con la ayuda de un par de ojos profundos toman vida. Estoy parada en medio de la vida. A veces no sé si formo parte suficiente en ella o si me pongo a observar desde una banca cómoda para luego relatar situaciones que no me pertenecen. Sin embargo, mientras tomo arte y parte, creo que es más complejo. Un cúmulo de miradas y gestos que intentan abrumar ese protagonismo repentino que se alcanza con sólo ser uno misma. Creo que no hay quién diga que se ha librado de esto. Pero pocos logran contarlo como hazaña superada. Así lo veo. Más compleja que comprensible y más comprensiva que mezquina, más extraña que extrañable, menos de lo mismo y más de lo otro. El que se acostumbre, bienvenido sea.
ver el ahora como un presente inquieto, ansioso por insinuarse...
un café con
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