Tuesday, June 05, 2007




Puta. Es que no puedo decir otra cosa.

Sucede que me despierto de mis 3 días de fiebre voladora, me recupero un poco, y en vez de tomar con ánimo el haberme mejorado, deseo seguir en cama. ¿La razón?, da lo mismo donde esté, me sigo sintiendo enferma. Es que es así: ENFERMANTE, situación desagradable que vivo diariamente en la casa de Hansel & Gretel. Más parece que la bruja me hubiera lanzado un hechizo, porque si me quiso maldecir, bueno, lo logró.

No soporto a nada ni a nadie.
Me tiene chata el fleto y sus formas amaneradas de pedir comida, de copuchentear lo que pasa, de querer saberlo todo, de hechar competencia con nadie, de creer que lo quieren cuando en realidad todos se burlan. Me tiene chata la mina que habla las 24 hrs de su novio, que aquí, que allá, que con suerte sabe poner acentos, pero de su novio sigue hablando como filosofía de vida. Me tiene harta la aficción por los pitos, como si fueran más sagrados que el pan de cada día. Me tiene chata la galantería barata de ese que quise un poco para mí, me tienen harta sus gestos, sus palabras, su forma de hablar.

Estoy más que cansada que se la pasen hablando de las tareas, de la Universidad, de los profes, de los trabajos. Estoy harta de la gente que me copia los apuntes, de los que creen que soy ayuda tarea, de esos que ni te saludan pero cuando necesitan algo llegan inmediatamente. Estoy cansada de que todos quieran saber todo, de que tengas que decirle a medio mundo algo -superficial- que sólo quieres decirle a una persona. En definitiva estoy cansada de la gente que aún cree que está en el colegio.

Lo peor es que estoy chata de sentirme inútil, de no saber para dónde va la micro, de no encontrar respuestas a las preguntas, de no poder pensar tranquilamente porque la máquina te va consumiento y atrapando por los pies. De las pocas y patéticas esperanzas, me tiene llena el ver sucumbir mi sueño de escapar de toda esta asquerosidad en la que me metí, porque un par de rojos y una asistente social incompetente así lo quieren.



A veces me pregunto si existe esa otra oportunidad...




el eco de mis murmullos de soliloquio se me congelan en la estancia, y el sereno se traslada a mi cuerpo agitado... no paro de temblar, parece que los paltos me cantan allá afuera, nada tiene sentido completo... Las esquirlas se clavan en mi pecho, es real, es tan real, no estoy soñando, jamás me refugié en la cama, está quieta y mojada, cae un lagrimón de la sábana. Se siente tanto frío que las orugas murieron antes de ser mariposas, las flores se suicidan en la sala, todos los colores se van durmiendo en mi rostro, esta matanza no perdona al tiempo...









 

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