Estaba con mi compañero, sin hacer daño a un sólo ser vivo, disfrutando del sol que entraba y salía por el cielo, siempre con un dejo de mezquindad y nostalgia. Ahí, en una banca, intercambio de apreciaciones, conversa de tarde -post almuezo con cheque restaurant- postmoderno estilo. El tema eran las áreas verdes, las extintas, las que quedan, las que se fueron, las que -probablemente nunca- vendrán. Había paz, había viento, había un perro triste que se nos acercó a pedir cariño. Le hablé con palabras suaves, pidiéndole que se fuera más allá. Me lanzó una mirada comprensiva y se marchó sin reclamar. Entonces el tema fue la vida de perro, la tristeza, la soledad que llena sus días. Y continuó la conversa con las fotografías, la mala visión, la cultura, la lectura. Un poco de lo que es la vida, un poco de lo que nos gusta. Todo bien hasta que irrumpe la paz un FLAITE que viene allá, -sí, nos quedamos en silencio- cantando a "todo chancho" un reggueaton que jamás habíamos oído, ¿o era hip hop? No sé. Cantaba y nos miraba... se acercó y de su bolsillo intentó extraer algo, lo tenía casi listo, estaba a punto de salir... cuando mi vida pasó en un segundo frente a mis ojos, y a pesar del panorama melancólico, habíamos estado intentando aportarle felicidad al ambiente. Me puse de pie y caminé, después el paso se hizo intenso; el miedo también. Al fin vi a mi compañero al lado; también sintió el escalofrío. Miramos hacia atrás mucho después, cuando los receptores activados nos dijeron que estábamos al salvo. Allá iba el lolo, quizá frustado...interviniendo en el paisaje, como animal inserto en una fauna que no le corresponde. Y nosotros, apegándonos a la vida, que hoy por hoy, se materializa en la búsqueda constante de seguridad. Así son las cosas.
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Tuesday, October 23, 2007
Corre!
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Es cosa de ver cómo en una pequeña acción, se puede entender el no rotundo de la lealtad y la compañía.
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