Aterrizar. Me cuesta, pero hago el intento. Simplemente no resultará. Es un anticipo algo trágico, pero estaba volando muy alto. Pero no tanto como para que este aterrizaje forzoso se hiciera menos doloroso. Sí, era lindo. Todo era lindo. Pero llega la hora de desprenderse de aquello... ¡y cómo duele cuando jamás lo tuviste!
Dejaré a mi cabeza digavar todo lo que quiera, palpitando en ella un músculo inerte que no halla conexión. Por mientras la razón se escabullirá entre mis venas y olvidaré toda ficción hasta poner los pies en la arena caliente de la primavera -otra vez-mezquina. Sólo así se siente la pérdida con una anestecia de mar. Frente a mí, el horizonte calvo, confuso, que poco a poco quiere volver a su rectitud, a esa forma que nunca debió perder.
Soy la línea mal trazada que busca una ola para arrojarse al desvío. Soy la espera de la marejada siguiente, sólo para sentir ese vaivén de subidas y bajadas que la vida pone frente a tus ojos. Yo quise ser parte de esa odisea. Correr el riesgo. Pero es tanto lo que se deja quemar por el sol...
Necesito verlo, pero hoy me consolé con mirar detenidamente el mar. Me sació un poco la ansiedad de sentir mi piel más fresca. De diluir ese dulzor que me esta carcomiendo el alma. Es mucho para un sólo cuerpo. Te dejo. Me despido y siento que mis ojos devolverán en una lágrima salada aquella brisa que hoy invadió mi ser.
Adiós.
.
Wednesday, October 17, 2007
Adiós
un café con
Live For Words
a las
8:21 PM
3
indicios
Subscribe to:
Posts (Atom)