Saturday, September 20, 2008

Jazz III

Aprovechamos que la noche estaba ebria y el calor de verano le prestaba ayuda. Una respiración boca a boca se dibujó en el amanecer. Tú sobrio y yo soberbia. Soberbia de amor y de realidades inmanentes que nunca dejaron de ser cuentos cortos de esos libros de primaria. Lidiamos a cada página por nuestros contornos, llenando mil y un espacios en blanco dejados por historias anteriores mal escritas, tergiversadas por otras bocas y por el tiempo que edita cada día a los otros, faena que comenzó cuando supo que nada le pertenece.

Mi príncipe de calle, los lugares nunca me habían importado menos. Eres el mejor sabor que he tenido en mi búsqueda constante del mejor café citadino. Te tomo de un sorbo pero permanecerás siempre pavimentado en mi garganta. No me canso de beber de ella, porque la sed ya se ha ido a dormir junto a los miedos. Hay suficiente azúcar en nuestros labios, tenemos la sazón necesaria para ser la presa faenada feliz de ser mutuamente devorada.

Te invoco aunque te sienta dentro, porque sé que mis piernas tienen mala memoria y mis pechos algún día se rendirán a bajar la guardia. Por primera vez te dejo tocar mi estómago virgen y mis desmemoriados latidos se van derritiendo conmigo. Mis manos ven todo lo que mis ojos cerrados dibujan en este lugar tan ilusorio. Nunca supe el sitio exacto para hablarte sin decir palabra, y mira qué diálogo estamos sosteniendo. Parece que las risas que se nos escapan cuentan en mil oraciones francas lo que nos va sucediendo mientras sudamos; casi me ahogo de tanto verbo.

 

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