Wednesday, September 24, 2008

Entramado

Que se sequen los labios, que se quemen las bocas y se rompa todo el pálpito. El invierno siempre trama la misma condena, la piensa, la toma de la esquirla más aguda y cala hondo y profundo un grito gélido. Es repetitivo, cansador y mas fructífero que primavera amapolizada, que arenal engañoso en el áspero terruño de lo que se hace llamar vida. Las pieles urden tejidos de bellos sedientos y los aromas engañan hasta al más pulcro con una taza de café en el cuerpo. La emanación del calor se queja de sus escrupulosos hedores, y la mente más dócil se jacta de hacerle bromas a la vista. Se cae todo alrededor, se desgasta, escupe trozos de lo que fue y se muestra abierto e infértil ante las pisadas largas del ser que se arrastra con su estómago hinchado y su cintura demarcada por un feto putrefacto que encontró entre tanto hastío terrenal. Retumba el fuego de celos mientras la aurora se revuelca con el lánguido final del equinoccio. No puede haber ciclo más corrupto y leal de la sombra que a alguna existencia ironizó.




No vuelvo hasta que se me despeje el rostro. Adentro está todo lo anterior.

 

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