La mesera se nos acerca unos minutos después de haber comenzado a comentar la hermosa decoración del lugar. Nos pregunta qué nos vamos a servir y le pido un Alexander internacional, mientras tú dudas entre martini o sour. Sé que tus intenciones a corto plazo se manifiestan en la elección del sabor que inundará tu boca o inflamará tu alma. "Martini", le dices. Yo te miro mientras descifro tus indicios. Enciendo un cigarrillo y el rouge de mis labios perece ante la insistencia calva de fumar para calmar la ansiedad.
No puedo evitar reparar en los detalles de esta noche. Todo parece ser un grito a viva voz desde las entrañas de lo que no tiene origen. Tu corbata blanca me recuerda el corazón de una manzana y lo efímero de la verdad que se niega a permanecer virgen. El jazz propagándose por el lugar me envuelve y todos parecen confiados en la eternidad del momento, todos alrededor disfrutan de la nebulosa rítmica y suave. El sentido de alerta desaparece, un puñado de cuerdas me retumban en el pecho, luego la espiral adormecedora. Creo que ha pasado mucho tiempo desde que llegamos, pero la llegada de las copas me indica lo contrario.
Bebemos y brindamos. Creí que nunca llegaría el momento de poder hacer un brindis dulce sin mayor motivo para celebrar. La noche, la vida, la boca, el desguste. Hoy todo tiene una razón apartada de lo racional. ¿Cómo no vas a encontrar excelente tener un motivo ficticio para sonreír...?, ¿por qué te sigo hablando desde los poros y no diluyo con mi lengua la sinceridad que siempre se me atasca en las frases retóricas de amateur de poeta que soy?. Me inquieta recordar que alguna vez bebiste de mis letras esparcidas por más rincones de los que quisiera. Ahora entiendo porqué te comportas de esa forma: ambos estamos en un juego de indicios.
Por fin hablas y me rescatas de la redundancia mental. ¿Te he dicho que esta noche recorreremos por completo todo lo que hay?. Por primera vez me dices algo que no puedo descifrar de inmediato, es casi como si me hubieras dado una ecuación algebraica para resolver, sólo que esto es peor: está dado en códigos que debiese entender de pies a cabeza. ¿Qué es lo que hay?, pregunto. "Nosotros, eso es lo que hay", me dices mirando directo a mis ojos. Acabo de tener esa sensación de sube y baja desde el fondo del vientre. Tal vez no soy tan buena para los co-textos, o tal vez tu sigues siendo el aprendiz de galán que un día conocí...