Wednesday, July 16, 2008

Body

siempre castigo a mi cuerpo y lo encierro en esos frascos de velas que dejan toda la esperma a los costados y la mecha se muere en el fondo, creyendo que todo allá arriba es infinito e inalcanzable. Lo escondo como cuando se muestra la verguenza bailando salsa, o cuando me miro demasiado al espejo. Evitable y estratégicamente decantado. El secador de pelo me oprime el rostro, me tapa la vista con el alboroto que causa allá arriba. No hay nada mejor que no mirar tu rostro en la mañana. No habría nada más agradable que querer verte desde adentro. siempre condeno a mi cuerpo a vivir opacado, aislado y desplazado por la personalidad de la niña de voz fuerte y algo, algo aguda. Nada nuevo, pero no quiero definir los contornos. Me cansa correr, me cansa vivir a veces, me cansa catalogar mi cuerpo con sus anatomías y medidas extrañas anormales. No tengo ética corporal y no sé si me queda juventud cuando veo fotos de ayer. Esos años se han extraviado, esas imágenes te recuerdan la pérdida. Quiero que me fluya el alma y el cuerpo sea el medio más delicioso para mover el ser. La comodidad de estar en casa, en tu propio albergue mientras la segunda piel se pasea por algún lugar de este planeta. Sí, el castigo siempre por delante, el paso de baile mal dado, la intoxicación de mis poros, la movilidad de mis huesos. Castigo eterno elejido por la forma poco moldeable que tiene mi carcasa. Y es mi hogar. Decorémoslo pero querámoslo también. Algún día te levantaré el castigo ridículo.

 

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