Monday, September 10, 2007

Reset



El fin de semana resetié el pc dos veces. Una lata. Sucede que se me metió uno de esos simpáticos virus que se transmiten como plaga por todo el messenger. Claro, uno es la tonta que acepta también.

Se fue casi todo... perdi fotos, canciones, mis intentos de canción también, archivos, programas, etc. Pero fuera de eso, me encantó arrasar con todo y mandarlo al olvido. Ojalá fuera tan fácil en el mundo real. Como dice un texto por ahí: "un corte en la linealidad comunicativa del lenguaje informático", es tan recíproco, tan equívoco, tan aburrido y nefasto a la vez. Tiene de todo.

Y nada, el mundo allá afuera sigue igual claro está, como el chofer del transantiago con el que me topé hoy y realmente parecía necesitar con quien hablar porque me llenó de información en los 5 minutos que esperé el bus.



Al principio no entendía por qué estaba tan desganada. Y el dolor de la garganta me explicó todo. El día fue eso: un día y nada pareció sorprenderme. Pero ahí, en medio de la pereza y el semi dolor de cabeza que me ha rondado como caña muerta, me preguntaba qué pasaría si pudiera formatear todas las estupideces que he hecho este año. Quisiera volver al punto cero y ser esa misma mujer callada que nadie y a nadie conocía. Recuerdo que en ese tiempo escribí por ahí... "tengo paz", "tengo esa paz que hace mucho no sentía; nadie me critica, nadie sabe lo que me pasa, puedo pensar libremente y sonreír si quiero, y si me amargo nadie se entera, porque mantengo el mismo semblante, la misma expresión muerta en vida parecida a la nada..." Y de pronto, sin darme cuenta, y con querer, me vi haciendo las extracciones de personalidad interna que me la gana. Sobre todo si viene con licor de compañía. Ese licor caro de lo ficticio. Ese actuar barato y la caña disponible con stock inagotable.

A veces me quedo pensando mucho tiempo en la verguenza que sigo sintiendo, sola, porque quiero, porque nadie me lo dice y tampoco lo harán. Y me desesperan esos flash back con gusto a poco, esos que sólo me dejan un sabor amargo desde la garganta para expandirse por toda mi piel hasta volver a su punto de origen: la memoria. Esa que solo me sirve para machacarme y autoinferirme insultos.

Así que todo se fue, y ni me dolió. Sabía que era insensible e instintivamente terca (por razones que no explicaré en este momento) pero soy una inútil para solucionar situaciones reales que te doblan la mano, la aprietan y la dejan ahí, con el latido punzante de la presión sanguínea alterada.




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