Saturday, September 19, 2009

BÁILAME EL AGUA AL DESPERTAR

Quiero que un día, después de un sueño profundo, de esos que sólo el alma entiende, me despierten, se sienten a mi lado con un libro en la mano y mientras la cama aloja la nueva tibieza de un cuerpo tembloroso, me lean un poema. No me importa cuál y no me importa cómo, simplemente deseo que unas palabras me envuelvan el despertar, me arropen como nunca antes y deseen grabarse en mi memoria como mi numeración. No habrá identidad mejor que una estrofa, no habrá mejor instante que el sol expectador, mi estómago desayunando un verso y unos labios ocupados en decir:

Báilame el agua
úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto
sácame de quicio,
hazme sufrir,
ponme a secar como un trapo mojado
no desates las cuerdas hasta que sea tarde.
sírveme un vaso de agua ardiente y bendita, que no sea tuya ni mía,
que sea de todos.
Lléname de vida,
líbrame de mi estigma,
llámame tonto,
olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora.
No me arrastres,
no me asustes,
vete lejos,
pero no sueltes mi mano.
Empecemos de nuevo
sangra mi labio con sangüijuelas de colores.
fuma un cigarro para mí
traga el humo,
arréglalo y que no vuelva a estropearse
échalo fuera.
Cruzate conmigo en una autopista a cien por hora.
Sueña retorcido.
Dame la llave de tus oídos,
toca mis ojos abiertos
nota la textura del calor
hasta reventar
¿por cuánto te vendes? Regálame a tus ídolos,
yo te enviaré a los míos.
Píllate los dedos,
los lameré hasta que no sepan a miel,
hasta que no dejen de ser miel.
Sal, niega todo y después vuelve.
deja que te invite a un café
caliente, claro
y sin azúcar
sin aliento...

(Extracto Báilame el agua, Daniel Valdés)

Saturday, September 12, 2009

caída libre

Hace tiempo había un montón de versos que expulsaban rocas que caían con fuerza sobre el piso. Un día, el productor de grietas cesó su labor, y ahí quedaron todas las zanjas, que sin querer se cerraron con los equinoccios. Ahora las cicatrices expelen aromas inéditos, y algunas palabras se van quedando ciegas de tanto olvido, algunos recuerdos se coludieron con los cigarros y ahí se fueron consumiendo en lapsus de siete minutos. Sin embargo, ahora suman un año, ahora somos tantos los contagiados con la enfermedad de la inspiración desmayada. Era tan libre escribir por sentir, escribir por mirar y tocar con sueños las escenas inocentes. Ahora hay tantos peros, tantas excusas y tan pocas victorias literarias, en el fondo, y sin entender por qué la injusticia de sentir con la piel se hizo presente entre mis dedos, no hay mejor momento que el haber comenzado a vivir de esos intentos y respirar entre su pelo todo lo que una vez rocié en el papel. El tiempo de sequía llegó para quedarse por mitades, pero la responsabilidad del señor de las grietas, en el cuerpo que sea, volverá algún día para llenar de frases este descenso de escaleras deslavadas.

 

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