Monday, August 31, 2009

Tú sumas, yo leo

El chico de las respuestas matemáticas y la oratoria hitleriana se siente solo el día de hoy. Por fin, por fin me lo ha confesado. Yo creo que hace mucho tiempo se siente así, tal vez desde que su cuerpo se llenó de bosque y sus aromas se tornaron poco sutiles. Si bien esta necesidad es de las mejores y de las más normales, no tengo título que avale mi patético conocimiento sobre los remedios para las conversaciones nocturnas que sólo se comparten con la almohada. De hecho, cada vez que conversamos, ésta me arranca un par de cabellos que se cansan de luchar por volver a mi cabeza, que pasa como máquina aplanadora por todos los rincones de aquel invento. Ni idea de lo que decirle, porque siempre tendrá una respuesta para hacerme sentir la persona más años luz diferente a él. Al final, se me ocurrió terminar en sus propios códigos, señalando que 1+1 siempre es 2. Pero su respuesta fue: "No siempre", por lo que simplemente me declaré incompetente para continuar la conversación, tal vez porque en términos fríos y matemáticos nunca me sentí a gusto, o porque siempre, pero siempre, estaremos hablando en dimensiones lejanas. Esto me pasa por recordar a cada rato un verso.

Sunday, August 23, 2009

No parece, pero es

Yo solía describir todo lo que estoy viviendo. Usaba palabras poco comunes y trataba de acariciar la metáfora con las mejores imágenes que nunca pisaron la realidad. Con el tiempo fui olvidando, y dejé atrás la posibilidad de lo material, porque en el fondo, sabía que la esperanza no era tan verde y las virtudes de mi ser no se parecían ni un poco al cielo.
No tenía ni tacos ni armas, por lo tanto nunca armé una guerra digna de libros de historia. Me equivoqué un millón de veces y a cada instante se suman números a esa cuenta, se restriegan en la conciencia y allí termino manipulando todo lo vivido, como si la ficción que constituye el pasado se pudiera mimetizar con las buenas intenciones que se tienen a futuro.
El problema es que la gente no olvida. El peligro es que a cada instante lo reprochen sin palabras. Por suerte, por coincidencia o simplemente porque somos dos pobres personas, estamos abrazándonos cada vez que los demás fijan su vista en sus propios asuntos. Así me siento menos endeble, pero al mismo tiempo segura de que estoy viviendo de esas descripciones a las que nunca le daba un final feliz.
No quiero olvidar, ni recordar. Quiero vivir así, con un abrazo firme y mis ojos entreabiertos, porque ya no deseo estar atenta a lo que pase alrededor. Aunque todo parezca, pero no sea ni en las mejores ensoñaciones.

Un caracol se fue en un crucero.

Friday, August 14, 2009

Sólo planes improvisados

Han pasado catorce días desde que comenzó el mes, y la misma cantidad llevo desconfiando de lo más importante. A veces uno desconfía porque simplemente ignora, entonces no tiene los argumentos suficientes para considerar un hecho como absolutamente inminente. Bien, estos días se me han hecho eternos, y la semana extrañamente demasiado rápida. Será porque me he pasado esperando que sean las once de la noche, porque eso alivia en parte mi temor.

Of course, esta no es la manera en que creí comenzar el semestre, pero fuera de mi ronroneo constante y atemorizante (sí, cacofonía ¿y qué?) el pie derecho le saca cuerpo de distancia a las malas caras y esa disposición igual a basura que algunos tienen para comenzar una etapa universitaria versión sexto semestre. A mí me gusta el nuevo Campus, no me molesta viajar (por fin se justificaron los 2 años de buses interprovinciales) y no me interesa estar sola o acompañada a ratos. De hecho, prefiero aquella alteridad social. Lo único que evado es el almuerzo solitario ¿habrá algo más triste que eso? Por lo mismo el otro día invité a un alemán que va conmigo en una clase a almorzar a nuestra mesa. No sé como nadie lo hizo antes.

Anyway, varias cosas nuevas se suscitan y está claro que todo es parte de las nuevas etapas: sólo hay cabida para planes improvisados. Un par de rabias por los horarios con complejo de autos chocones, gente nueva que siempre estuvo ahí, el celular por fin me lo cambiaron los usureros de Entel, me resfrié el cuarto día de clases y un montón de cosas más que ahora no tengo ganas de recordar. Por lo menos algo sigue siendo contínuo, y eso es precisamente lo que hace de Viña algo menos desolador y con un leve toque colorido tanto fuera como dentro de la hora de dormir. Justo como este momento. Aunque se equivoque y aparezca a las 12 de la noche, en el primer cuarto de mi sueño :) no importa nada, no importa nadie más.

Wednesday, August 05, 2009

No sé si ganamos o perdimos

Hoy en la mañana soñé contigo: íbamos corriendo con un gran grupo de ex compañeros, en una competencia donde debíamos bajar un cerro terrible en la noche, y nuestros cuerpos se dejaban caer por la gravedad mientras las piernas hacían un esfuerzo sobrehumano por moverse en círculos, desde el muslo a la punta del pie. Tú ibas con ese chaleco celeste que conozco bien, y ese maldito pendrive que deja colgando sus audífonos blancos por sobre tu ropa. Mientras corría, miraba hacia atrás y los veía a todos con cara de miedo. Mis miedos son vuestros. Más atrás, venía un tipo a caballo con rostro furibundo, y asumí que escapábamos de eso. Siempre arrancando de algo ¿eh?. A pesar del miedo, durante todo el sueño estuve segura que ganaría(mos), y así fue: fui la primera en llegar a una planicie idéntica a ese peladero donde íbamos con mi mamá cuando tenía seis años. Crucé la calle corriendo, sentía mi cara caliente -de seguro estaba rojísima- y el sudor me molestaba en la frente. Subí por esa calle que bien conozco y me paré tras un letrero, porque no sabía si el juego había terminado. Poco a poco fueron llegando los demás y ya no estaba tan segura que hayan sido nuestros ex compañeros, al menos porque sus rostros no decían lo mismo. De pronto pude reconocer a una niña que entró al baño público extrañamente ubicado en ese pasaje, y tú, por supuesto, que te acercaste y me pediste un beso mientras nadie miraba. Como siempre, te dije que no, porque me encanta ver tu cara de decepción, y cuando nos observaron, no lo volviste a pedir. Desperté con el sabor que me deja tu partida los fines de semana, con el inconciente amortajado y el miedo más confabulado que nunca con la cama que se hunde cuando duermo con mis extremidades apretadas y cansadas de bajar tanta colina irregular.

Para hoy, definitivamente: Shape of my heart

 

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