Te conocí cuando tenía ocho años. Desde entonces nunca más nos separamos. Recuerdo que era navidad, y estaba demasiado ansiosa porque te quería hace tiempo. Ese día te abracé y sentí el calorcito de tu pequeño cuerpo. Eras hermoso. Siempre lo fuiste. En serio.
Los primeros años mostraste tu niñez tan viva como tus ganas de vivir. Incluso una vez fuiste causante de una desgracia... sí, el Minino, ¿te acuerdas?, creo que lo pisaste, y el pobre gatito quedó paralítico. Esa fue la primera muerte que viviste de cerca. Pero siempre supe que lo hiciste sin querer y que estabas jugando. En realidad era casi lo único que hacías en el día.
Creciste rápidamente, creo que al año ya medías un metro de alto, y todos hablaban de lo lindo que estabas, de lo fuerte y sano que eras. Recuerdo también el gran patio que tenía esa casa, y el arbusto en el centro. Siempre nos poníamos a correr al rededor de él, y cuando nos cansábamos nos tirábamos en el pasto mientras yo te acariciaba.
¡Y tu primera casa! Era tan pequeña... parecía una choza, pero estaba construída con cariño. No recuerdo exactamente cuándo tuviste tu casita nueva, pero aquella te acompañó para siempre. Era lo suficientemente grande para que siguieras creciendo todo lo que desearas. Y así fue, ya no había como detenerte. ¡Y cómo culparte! si siempre te alimentaste de una manera que causaría la envidia de cualquier otro. Tus sagradas cazuelas todos los días. Esas mismas cazuelas que después de diez años te seguían gustando y te hucieron ser fuerte y valiente.
¿Te acuerdas cuando llegó el Minino 2? El rusio regordete que te arañaba los ojos. También lo viste perecer: tenía sida y tuvo que llegar su hora. Y a tí no te entraban balas. Seguías siendo el mismo vigoroso de siempre. El año 2000 nos cambiamos de casa y tú viniste con nosotros. Siempre complaciente y adaptándote a todo. Allí pasaste los mejores años de tu adolescencia. Cuando salíamos y te dejábamos solo, siempre sonreías al vernos llegar, y te hacías el despierto, el que había estado al tanto de todo en nuestra ausencia...
Soportaste varios cambios, tuviste diversos lugares para vivir. Hasta que llegó la hora de venir a La Cruz. Fue un viaje largo, pero te portaste bien. Creo que esa vez tuve que hablarte todo el viaje para que no te asustaras demasiado. Para que comprendieras que yo estaba ahí contigo. Aquí viviste cinco años más, y en el último, la adultez y la vejez fueron una sola cosa. Un todo.
Me duele decir esto, pero ver tu ciclo de vida es casi comprender al ser humano. Es casi amar al prójimo materializado en otro ser. Te acostabas temprano. A eso de las seis, cuando antes pasabas mucho tiempo en pie, a veces toda la noche, hasta el extremo que había que hacerte callar. Luego te falló un ojito, así que mirabas de lado. Nosotros creíamos que era sordera, y al parecer, también tenías algo de eso. Posteriormente el otro ojito. Y perdiste la vista por completo. Y ese tumor que siempre tuviste en la columna, ese que nunca pareció importarte, ese del que nunca te quejaste, hoy estaba haciendo estrasgos en tu salud. Y la repentina muerte de tus piernas... el repentino paso de diez años.
Comprendimos exactamente qué te sucedía, pero creo que te seguimos apoyando. Ahí estaba tu agua, tus comidas, un par de caricias y saludos. Después casi no te levantabas. Un día saliste de tu casa y ya no pudiste volver a incorporarte. Te tapamos con una frazada. Sí, tu frazada. Y yo no soportaba la idea que te diera frío. Sobre todo en este helado invierno. Creo que fueron unos cinco días de agonía. Creo que los más largos para tí.
No me pude despedir. Perdóname. ¿Me perdonas verdad? Sabes que ahora lloro porque no te veré más. Porque nadie me empujará al llegar. Porque recién asimilo que te has ido para siempre. Gracias amigo fiel. Espero haberte dado una buena vida. Una vida digna y feliz. Confío en que ahora estás mejor. Ya no estás sufriendo más. Te quise, te quiero y siempre te querré. Eres irremplazable. Que Dios te acompañe. Nos volveremos a ver.
DOVI T.J
Q.E.P.D
20 de junio de 2007
Wednesday, June 20, 2007
Adiós amigo fiel
"Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da, nada es más simple, no hay otra norma, nada se pierde...todo se transforma"
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