Son las 10.49 am. Aún no no me acuesto, pero no importa. Estoy contenta, serena y con ganas de dormir para siempre sin pensar en mañana. Da lo mismo, o intento que sea así. Sin duda la llamada de mis amigas avisando que vendrían a mi casa a las 10.30 pm, me hizo repensar muchas cosas. Me aguantan carachos, tonteras, mañas, y nos cagamos de la risa. Supongo que se trata de eso, hasta lloramos juntas. Me encanta ese pequeño club de lulú que abandoné en la media, esos consejos que se fueron con la distancia de una amistad que pereció, esas buenas vibras, la confianza, las risas, la seguridad, la armonía y la sobrecarga de energía que al menos, te permite llegar con una semi sonrisa a clases. Eso espero. Para ser sincera, no quiero saber de nada ni de nadie más que no sean personas como este par de tontas que están arriba durmiendo como lirones mientras yo escribo, como siempre. Quisiera estar en paz y fumarme un cigarro, pero como no puedo hacer lo segundo, me conformaré con la paz. En verdad, no hay de tanto para quejarse; somos expertos para inventar excusas. Quiero otra semana de vacaciones, quiero probar un nuevo sabor, quiero ir a una fiesta de gala, quiero estar concentrada mañana, bailar un tango, comprarme una chaqueta verde, sonreír de verdad, seguir jugando scrabble y uno con pan con mantequilla y té de limón. Y que este presente sea el verdadero regalo y remezón que se necesita para obviar por un momento la soledad, la idiotez y la flojera de levantarse a las 5:55 para ver un montón de gente esparcida y sin sentido que quiere adquirir alguno o pretendes dárselo para usos y gratificaciones varias, desde compartir oxígeno hasta pensar que realmente, no hay nada mejor como una noche en vela con verdaderas/os amigas/os.
a Javi y MªJosé.