Debe estar pasando algo muy bueno como para no acudir a la sesión sicológica alfabética. Tan bueno debe ser que me haga pensar más en lo sabroso que es el queso y comer de a poquito porque está muy caro, y cortarlo con las manos disfrutando su partición en dos trozos altamente imperfectos mientras ese desprendimiento suave se siente durante todo momento, hasta que las puntas se despiden y se separan definitivamente. En eso me quedo pensando un buen rato, y luego comparo el sabor con el jamón: ¿por qué siempre está mojado?, y moja al queso y así. Un pan con colores pasteles en la gama más sutil que se encuentra con tu lengua incluso más rosada. Yo no pienso jamás en el cerdo asesinado, y no lo haré porque ya tengo mi parte. Sí, en serio debe estar pasando algo muy bueno y agradable que me permitió comparar a dos seres mediante el maravilloso placer de comer a las 4:35 de la madrugada. Yo te digo, estoy bien dentro de esta perdición y no quiero entender nada, ni contar calorías porque son tan falsas como los aniversarios imaginarios que nadie ha de celebrar jamás. Entonces sólo se trataba de comer, respirar entre medio y esperar que cuando todo se digera previo dolor estomacal, yo esté comiendo un buen filete que conmemore la fantasiosa escasez repleta de ricos abores estivales, sólo estivales.
Sunday, February 01, 2009
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