Wednesday, December 24, 2008

Escuálidas muestras de una siembra adolescente

Toda la gente hace evaluaciones de su año. Supongo que desean indagar en sus acciones para que una escritura inmortalice lo que hicieron bien o mal. Leo blogs llenos de cierres y conclusiones finales de un año que, en general, ha sido bastante fangoso. Luego ponen las esperanzas y expectativas para un próximo transcurso del tiempo. El bendito calendario que no nos deja pensar en una continuidad temporal; desde el incio de los tiempos necesitábamos una segunda oportunidad, un montón de nuevos comienzos para saldar deudas y reparar errores. Todo con el fin de ser mejores, por lo menos, ese se supone que es el ideal. Ahí el fin y el incio de los años toma un sentido tanto práctico como mental. "El próximo año no haré esto", "dejaré de fumar", "me pondré las pilas", "bajaré de peso", y un montón de tonteras que nos encanta repetir como loros, sin embargo, mi querido lenguaje lleno de palabras bonitas, necesita de las acciones de los cuerpos. Unos movimientos precisos que lejos de serlo, están una y otra vez condenados al error. Somos aquello que falla, aquello que se equivoca y tiene que volver a despegar, por más aterrizajes que tenga.

Las pérdidas y los fracasos, así como las victorias y los éxitos no están determinados por la extensión de los años. Cuando chica me preguntaba qué pasaría si un día llevara el nombre del año y tuviese aquella connotación. Un día que se hiciera eterno, donde existieran 182 noches en una, ¿seriamos capaces de hacer, deshacer, plantear y replantear?, ¿seríamos más conscientes que la oportunidad es sólo una esta vez?... quizá mis utopías infantiles sean un montón de historias frustradas que se estancan en las horas, pero sueño aún con una vida donde no importe el paso del tiempo, ni los finales que tanto nos alivian, como si esperaramos constantemente que una tijera cortara un rollo de papel que debe ser quemado o guardado celosamente en un cajón. Aún así, ya no es posible abrir las historias pasadas para saltar dentro de ellas como cuando un libro te invita a formar parte de sus hojas; tú te quedas con lo que quisiste quedarte, lo demás es lectura reservada para otros ojos.

Reconozco que el exitoso invento de los años, llega a mi vida de sorpresa, en mi linealidad, esos cortes filosos son un hito raramente esperado. Da lo mismo cuantas veces tú y el resto del mundo crean comenzar de nuevo, el punto es que todos los momentos son los indicados, y para ello no hay calendarios que valgan. Esta vez no es diferente, pero un poco más especial que antaño: empapada de vivencias que dieron el vamos al comienzo de la adultez, me intriga la continuidad de ésta. El hecho que se de junto con un nuevo año es simplemente coincidencia. Insisto en el empate de bonanzas y calamidades como escuálidas muestras de una siembra adolescente. Reitero la ignorancia de la vida respecto a los cuadritos con forma de meses que le hicimos los perdidos. Agradezco las presencias y ausencias que hacen menos tediosa la eternidad y que recuerdan cuántas veces nosotros también pudimos haber olvidado algo o alguien en el camino, porque nuestra fragilidad o fortaleza no depende del cambio de número al final de un milenio, más bien depende del uso equilibrado de la razón que el ser humano inventó para invalidar los sentimientos. Hemos creado tanto y nisiquiera sabemos ocupar la mitad.




4 indicios:

Paolo said...

Hola, me gustó lo que escribiste, tienes razón. La gente vive en los "cuadritos con formas de meses". Yo pocas veces me pongo a reflexionar sobre el año que pasó o los años que pasarán. No se me viene en gana, no sé por qué.


A lo mejor esa cosa de mirar para atrás es como una especie de cávala, de autoenseñanza quizás. Creo que no sirve de mucho,comúnmente vuelven a cometer muchas de las acciones que creen nunca cometerán después de las reflexiones de año nuevo. Con ésto no quiero decir que revele alguna calamidad particular. Es puro comentario.


Cuídese y siga escribiendo.

Bastián said...

yo no tengo calendarios.
no veo televisión.
camino mucho.
aún así, los demás se encargan
de llenarte de promesas y de metas
para el "próximo" año.

Me encantó su reflexión, y me llegó harto. Odio las fechas. No las necesitamos para vivir.

gracias por seguir entrando a mi pequeño blog.

saludos, y "buen año"

tatán =)

Unknown said...

cacha que me pasa que si me desaparezco por un tiempo de esto del blog y vuelvo a revisarlos, necesito leer todo lo que has escrito desde entonces jaja

ya sabes lo que pienso de tu escritura
te dejo un abrazo grande, Lala!

France.

Lafaln said...

Mmmmhhhhhhh... nunca hago el estúpido balance de fin de año, me carga es estéril y para colmo nos muestra lo débiles, porfiados, pusilánimes y estrechos de mente que hemos sido. Es verdad, estamos regido por números, meses, horas que se repiten año tras año, pero yo vivo la vida de forma lineal y no cíclica, es raro y ridículo verlo así.
Para mí, el comienzo del año es cuando todo se renueva, muere lo viejo y nace lo bueno, es decir, astrológicamente hablando, el 21 de marzo. No la víspera del 1 de enero en que se celebra la circuncisión de un jesús en el cual no creo.

Saludos

 

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