Si me preguntan, ya me acostumbré a la hora y quince diaria del viaje en bus: Casa - U! y vice-versa. Sucede que allí, en ese -otro- mundo al que entro cada mañana a las 6:45 am, mientras intento descongelarme la cara y secar mis ojos por las lágrimas que arrancó el frío, me sumo a las caras somnolientas y nada vivas que van adentro. Todos te miran al subir, eres como la niña que llegó atrasada a un lugar importante, como la "nueva". Lo primero es buscar asiento, no soy muy regodeona, pero me fijo en que la persona a mi lado no sea muy robusta, pues ocupa parte de lo que me corresponde de asiento y duermo incómoda. Eso claro, cuando no hay prueba en la mañana. Si me voy leyendo o estudiando, procuro hacerme la dormida en Quillota, pues sube mucha gente y el bus se llena completamente, y claro, uno que va bien sentadita y con el asiento tibio, no se quiere parar por nada del mundo. Algunas señoras un poco más quisquillosas se bajan inmediatamente cuando descubren que no hay lugar disponible para tirar su cuerpo. Y yo sigo mirando de reojo, como quien va dormitando, hasta que pasa el peligro y el auxiliar cierra la puerta que separa su refujio junto al chofer, y toda la "chusma" -nosotros- que va atrás. Hay viajes bastante agradables, donde casi parece que no te has levantado de la cama, a pesar que llevo el pelo medio húmedo y la mochila bien afirmada. Pero hay días en que las personas paradas en el pasillo no se dan cuenta que su chaqueta te está tapando la cara, que su cierre te golpea, que casi le llevas la cartera en tus piernas, que te golpea con ella, que te saca de quicio. Y quieres gritarle que se corra, al menos yo, que no me caracterizo por la paciencia, pero hago un movimiento brusco y comprenden que la están cagando. Otras veces el el desubicado/a que va atrás y se estira como si recién estuviera despertando y sus piernas o más bien rodillas, ¡se clavan en tu pobre espalda!, y como soy pesada, hecho el asiento lo más atrás que da, para que moleste con ganas y se sienta en un reducido espacio. Filo, ellos empezaron. La otra parte es poner la mejor cara cuando el auxiliar va a cobrar el pasaje, es que algunos se levantan con el pie izquierdo y te hacen sentir culpable de tener que trabajar cobrando pasajes. "Estudiante por favor", muestro la matrícula - sí, aún no me entregan el pase - y entrego los $600. Al menos no he tenido problemas con eso, pero algunas veces me tocan auxiliares un poco "pasados de la raya..." y hacen una especie de coqueteo que me dan ganas de vomitar el poco y nada de desayuno que tomé - si es que no salí corriendo de casa-. Generalmente no miro por la ventana hasta que llego a viña, pues es ahí donde se desempañan y anteriormente he ido durmiendo, estudiando o pensando en nada. Lo más terrible del viaje - paradójicamente para mí - es bajarse. ¡Es que el hielo me entra por todas las partes que lograron entibiarse! y me subo con tersianas a la micro que me lleva a la facultad... es un ritual diario al que no termino de acostumbar, ahí los choferes son totalmente desagradables, pero ellos no son el tema de la historia.
En la tarde, tras un día agotador, tomo otra micro que me lleva hasta el centro, me bajo y tomo el bus inmediatamente. Casi siempre lleva asiento libre, sólo tres veces me he tenido que ir parada y si te vas de pie, es un verdadero asco. Claro, estoy exagerando, pero hay condiciones que realmente molestan. Primero que todo, la gente que se agolpa a tu lado, el auxiliar gritando "avancen en el pasillo por favor", ¡"hay espacio atrás"!, etc. Y uno como weona siguiendo a la masa y avanzando hasta el fondo del bus; el aire se va poniendo denso - comprendan, son las 4 de la tarde- la gente comienza a dormir y tú te mueres por pegarte una "pestañadita"... pero nó, hay que ir de pie, y que te cansas, y la espalda, y te tratas de apoyar en el borde del asiento que está justo detrás y pones las manos en la cabecera del asiento frente a tu pecho. Y así "disfrutas" de un bonito paseo, sólo que durante hora y media de pie. Luego pasa el auxiliar, odio cuando es gordito y te tienes que correr cinco mil metros más atrás para que pase, no te puntee y cuidando no perder de vista la mochila que va en la parrilla,- ¿se llama parrilla?-. Lo "bueno" es que en Quillota el bus se vacía un poco y al fin me puedo sentar, pero cuando faltan quince minutos para llegar a casa...algo es algo. Si me voy sentada, la historia es distinta, y aunque no puedo percibir la totalidad de la gente que va en el bus, puedes observar mejor a quienes suben, pero trato de ser discreta, porque me molesta que se note que te observan. Busco el asiento que no de el sol o que tenga ventana cerca... a la altura del mall suben muchas señoras con bolsas y el bus ya va lleno... y claro, ponen cara de pena y yo "VOY SUMAMENTE DORMIDA" y me salvo de dar el asiento. Puede sonar mezquino, pero yo lo veo de la siguiente manera: Viajo todos los días, ando despierta desde las 5:30 a.m, vengo cansada de la U y sólo quiero dormir un rato. Ellas se levantaron a medio día, fueron a consumir al mall, van llenas de bolsas que le pesan por la cantidad de tonteras que compraron ¿y yo tengo que darles el asiento? ¡OLVÍDENLO!, nadie las manda a irse a sus casas a esa hora "pick" cuando los estudiantes literalmente nos "tomamos" el bus y sólo queremos descanzar. Fuera de eso, nuevamente el chistoso que te molesta un poco con las rodillas, o el que se hecha hacia atrás - sí, yo también lo hago ¿y qué? -. A veces escucho conversaciones mientras me intento quedar dormida, los chicos que van pelando a tal mina, los que hablan a garabato limpio, el que pelea por celular, el que se arrancó de clases, los que escuchan música como si fuera ambiental la cosa y peor si es reggeatón; ¡es que nadie quiere oír reggeatón a las 4 de la tarde por Dios!... y bueno... el personaje que se sienta a tu lado. La señora gordita con bolsas..., el abuelito que casi se queda dormido en tu hombro, la señora que hoy me preguntó si me molestaba su cartera entre medio de los asientos ,y como andaba de buenas le dije que no =), y el chico con cara de malulo que se subió ayer y que me tenía más que asustada, de hecho traté de disimular que llevaba la mochila más que agarrada, incluso me dolían los dedos, y yo decía en mi cabeza "no te duermas, no te duermas Daniela..." así que sólo me limité a dormir a saltos... y en fin, una serie de personas...que wow!...simplemente wow!
A pesar de todo, me gusta viajar en bus, no lo haría toda mi vida por supuesto, pero hasta el momento no se me hace terrible. Aprendí a valorar el tiempo, a ser un poco menos perezosa en la cama, a valorar el sacrificio de viajar para estudiar y a observar un poco más lo que me rodea... entre otras cosas.
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Thursday, May 10, 2007
De buses y demases
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Etiquetas: bus
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