Saturday, April 07, 2007

Beautiful day


Es un día lindo.

Los consejos me salen a flor de piel, como manta de seda que emana tímida de mis latentes asperezas. Los siento fluír como rosario de palabras sin espinas, que se apoderan de mi voz, y sobre todo, de mis manos; instrumentos de la música sorda en sinfonías tristes y adagios. Suelo confundir los grandes momentos con horas que pasan lento, y ahí me he quedado para no sentirme abandonada por la partida del sol en su camino ritual.

Es un día lindo.

La espuma blanca abría paso a los dorados encantos del punto de encuentro de turno - en la vida-, hoy: Mi turno.

Es un día lindo.

Fui libre otra vez para saborear los extremos posados en mi lengua con sabor a pecado juguetón. No hubo pena ni miedo, no hubo peros. Y esa continuidad de las líneas que hacen de un día una historia me devuelven un par de voltios al cuerpo. Siempre supe que estaban en otros, varios , muchos ahora, pero hoy, en este lindo día, se abalanzaron en mi piel, y allí los dejé madurar, entre travesuras y desquicios sanos de esta niña, de imagen madura, de cuerpo de mujer, de fotografías metafóricas.
Es un día lindo.

Y todo dolor desapareció, y entre medio surge una melodía conocida en voz extraña que no sabe si hablarme y tampoco sé si escucharla completa. Ese vaivén de la incertidumbre se me hace exitante, como un cuento más que querré escribir, para al fin lograr ser la princesa rescatada de las fauces del tiempo amargo y del olvido.

Es un día lindo.
Nadie usará el tiempo verbal pasado para referirse a mi día; sereno, claro, ansioso, reposado, travieso y completo. Esos días lindos que llegan para quedarse disfrazados del exquisito jarabe para el apetito que me daba el doctor. Y ahora quiero más de esos días.

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